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Cantalicio Rojas Gonzales

COMPOSITOR MUSICO FOLCLORISTA DEL TOLIMA GRANDE; CREADOR DE LOS SONES INDIGENAS CAÑAS CANTALICIANAS, EL PARRANDERO Y EL SAN JUANERO TOLIMENSE (EL CONTRABANDISTA)

Nació en la población sureña de Colombia (Huila) el 27 de marzo de 1.896, Hijo legitimo de ASCENCION ROJAS y REGINA GONZALEZ, recibió nociones de música y teoría en Aipe (Huila) con el maestro GILBERTO CORTES y el maestro RAFAEL MONTES, por algún tiempo director de la Banda Municipal. Sus estudios primarios los realizo en el Municipio de Dolores (Tolima) madrugando a la escuela de los maestros Beltrán y Espitia. A los 14 años se traslado al municipio de Aipe (Huila), reclutado en el servicio militar, siendo trasladado a la ciudad de Popayán, termino así, volvió al municipio de Aipe (Huila), pueblo que abandono debido a las dificultades económicas.

Residenciado así en Natagaima (Tolima), población que lo sigue considerando como hijo propio (Adoptivo), Allí entre la música y su oficio de peluquero parte de su vida, pionero y alma de la Banda De Natagaima de las veladas y festividades Sanjuaneras. El maestro ya era ampliamente conocido como músico, compositor insigne (bandolista) sin igual, contrajo matrimonio en la iglesia parroquial Nuestra Señora De La Natividad de Natagaima el 10 de octubre de 1.925 con una guamuna, Doña ANA ROSA CASTRO (q.e.p.d.) a la edad de 20 años, de esta unión nacieron 13 hijos que hoy viven en Ibagué, Cali, Bogotá, Mariquita, Natagaima y a pesar de tener un esposo bastante parrandero, fue excelente esposo y padre, el clima determino el traslado de la familia a la Ciudad Musical De Ibagué en el año de 1.962 llegando a la casa de sus hijo mayor Efraín Rojas Castro en la calle 4ª N° 4-63 del barrio la pola.

Su sombrero, su guitarra “Padilla” y su clarinete, son testimonio de la obra creativa y vital  de Cantalicio.

Sus canciones 

El análisis semiótico de su canciones que ciertamente ofrece múltiples tópicos y que ya ha sido tratado por algunos autores recoge una síntesis de la fisonomía socio-cultural del hombre-paisaje tolimense, brevemente definidas así: 

– Las temáticas que inspiran al autor son un testimonio del modo de vida del hombre tolimense campesino, así, la labranza, la pesca, el festejo sanjuanero, o el romance son descritos en su esencia, en cada una de sus canciones. 

– El registro de personas simples y comunes al lado de personajes populares locales, nombres de municipios, veredas, ríos y en fin todo el paisaje de el período vivido por Cantalicio en Natagaima.  

– Cantalicio no solo observa y describe, él mismo es personaje de sus relatos, sabe como piensa y como siente el tolimense pues él es uno de ellos y por ello su lenguaje es tan natural que sus canciones han sido recibidas como un manifiesto del sentir popular en su tierra. 

4. La vida misma de Cantalicio es un ejemplo de como nuestro músico de tradición no vive precisamente de la música, aunque espiritualmente viva por ella.

En 1992, a ocho años del 2000, en las veredas del Tolima, aún se conserva la costumbre de que nuestros músicos campesinos no cobren cuando tocan en una fiesta, simplemente ellos son los invitados especiales, para ellos habrá comida, bebida y dormida a donde lleguen, pero cuando terminen las fiestas, habrá que colgar la guitarra y coger el azadón. 

5. Resulta igualmente interesante observar cómo las obras del autor, se corresponden con una funcionalidad de la música tradicional, a la que nos referimos en nuestras primeras aproximaciones sobre la música de Cantalicio: anotábamos entonces sobre el uso de determinados aires musicales en circunstancias particulares, lo que de alguna manera también incide en la vigencia o caída en desuso de éstos. 

– Tonadas como la Guabina, el Bambuco, el Pasillo, la Danza, tanto en su modalidad instrumental (tiple, guitarra, bandola), como vocal – instrumental (dueto masculino, tiple y guitarra), son el modelo predominante en la música de serenatas, costumbre de herencia española, aún conservada en nuestros pueblos, y de la que de hecho viven nuestros músicos “nocturnos”. 

– La rumba criolla, el merengue, el paseo (que tuvieron amplia difusión en el interior del país, como consecuencia directa del uso de los radios transistores en el campo hacia 1950), el torbellino y el pasillo fiestero interpretados con un pequeño conjunto, en el que intervienen guitarras, tiple, guitarra – requinto o bandola, y en ocasiones acordeón, acompañadas con carrasca o ‘termo”, maracas o hierro (cencerro) y voces, corresponden al repertorio predominante en las fiestas familiares y aún en los cafés de pueblo, donde nuestros campesinos (de la cordillera particularmente), se embriagan cuando bajan de sus fincas con el mercado o la remesa. No sobra anotar, que esta música se mezcla y cada vez con mayor fuerza con la denominada música de carrilera y guasca, que con sus temáticas de despecho y de violencia, han ido en detrimento del papel que cumple la música para sus oyentes. 

– El sanjuanero o bambuco fiestero (también conocido con el nombre de Joropo Sanjuanero), la caña, los monos y el rajaleña son los aires predilectos de las fiestas tradicionales de la región, que a excepción del rajaleña, han perdido considerable vigencia dentro de nuestros campesinos, a pesar de tenérseles por los aires que identifican mas auténticamente al Tolima Grande. 

fuente: Blog deOscar yezid Rojas bastidas – Jairo Arias Barragán, Tolim: Tierra de la tumba sagrada

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Publicado por en 28 agosto, 2012 en Danzas Folcloricas, Tolima